Cuando Alessandra Mosquera, tras ver este enlace,  me retó a que Abril me eligiera la ropa durante una semana, al principio dije ¡que locura!, pero luego pensé, bueno puede ser divertido y sí o sí vamos a aprender algo, con un par de normas por mi parte no tiene porque ser peligroso para mi integridad fisica, mis hijas, ya sabéis, son calentívoras. Al final, la experiencia ha resultado de lo más enriquecedera y positiva, un ejercicio de empatía bilateral brutal, que os animo a vivir con vuestros peques. Ahora os cuento todo lo que aprendimos:

reto

Lo primero que aprendí fue que su sensación térmica y la mía no tienen nada que ver, esto ya lo intuía pero lo confirmé jiji Le puse a Abril tres condiciones: llevar leggins siempre, manga larga y botas para salir a la calle ( En Madrid hace mucho frío), ella aceptó encantada pero me puso zapatos de tacón peeptoes y la camiseta de manga larga más fina que tenía. Por suerte a media tarde me animó a ponerme un jersey. Si es que no puede ser más empática. El tutú pica, descansé cuando se durmió y pude quitarmelo. Y como lo hice para Emma, era tan estrecho me apretaba las chichas puerperales. Este día no salí a la calle.

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Lo segundo que aprendí es que los niños son pura creatividad, ese día se levantó con ganas de disfrazarme de Nikki, aprendiz de bruja, cuando me puse el disfraz, se me quedaron atascados los codos y tras un momento Escarlata O’hara “que si te entra mami, yo te lo estiro“, decidió que yo tenía razón y que un disfraz talla 3 años no lo puedes usar con 31, por lo que buscó el plan B: Recuperó el tutú del día anterior (nota mental, la próxima vez esconderlo,¡ o quemarlo!-, cogió un jersey negro del armario, recuperó la escoba y la diadema y ¡voilá! Si tienes un tutú, tienes un disfraz, debió de pensar. El tutú pica más aún el segundo día. Es un picor acumulativo XD Pero la diadema me devolvío a la infancia, necesito encontrar una más discreta 😛 El tutú debajo del abrigo hizo que me confundieran con una embarazada. Fue violento (para la otra persona) yo me partía de risa en silencio mientras le daba explicaciones “no mira, que es que estoy haciendo un reto en instagram y la niña me elige la ropa y me ha puesto este tutú de Emma, que pica y abulta y parece que tengo un útero enorme”. Fail. Total Epic Fail.

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El tercer día aprendí que mi sentido del rídiculo no tiene nada pero nada que ver con el sentido del rídiculo de una niña de tres años.  Lo primero que hizo al despertarse fue buscarme ropa que le gustara, sólo encontró una camiseta con lazo y un chaleco de pedrería muy discreto, así que fue corriendo a su armario de disfraces y me sacó un tutú rojo (éste pica menos).  Lo completó con un floripondio (sí, de esos que le ponía yo cuando nació porque quedaba muy mona, ¡oh, el karma!) que me dió dolor de cabeza varias horas y zapatos de tacón con pedrería.  También me puse pendientes, pero no aguanté ni un minuto con ellos, en momentos como éste me alegro de haber decidido no ponérselos a ellas…Pues cuando me ví en el espejo, pensé ¡ala que mona! me sentí especial, como la ayudante de un mago. Fue genial, aunque me puse un abrigo para salir a la calle. Es divertidisimo ver como la gente te mira como se abre el tutú por el abrigo y piensa “he visto lo que he visto o será una alucinación” Muy, muy divertido. En el trabajo llevo uniforme, por si os lo estabais preguntando 🙂

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El cuarto día aprendí que los niños son comprensivos, muy comprensivos. Amablemente me buscó un atuendo adecuado con la cantidad de trabajo que tenía ese día y no podía cambiarme de ropa. Aunque seguramente ella pensaba que daba igual la ropa que llevara, respetó mi petición y me dejó guapísima, me busco un collar que nunca uso (para disgusto de Emma, que lo tiene en la mesa de la paz para relajarse), una chaqueta brillantosa, una diadema de pailletes para completar un vestido gris sencillo. Y encima me dijo que se había inspirado en Totoro y los Duendes del Polvo. Cada vez que me miraba al espejo me sacaba la sonrisa.  No hay niña de 3 años más bonita y empática en kilómetros a la redonda. Bueno, los vuestros 🙂

Abril, hoy discreta por fi que tengo un dia de curro difícil
Que es drisqueta?
Sin tutús
Ah vale, vale pues sin tutús, te pongo de tororo
Totoro (horrorizada)?
Si de gris y un poco negro.

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El quinto día aprendí que los niños son lógicos, que hay algunos principios de la moda que no tienen ningún sentido, como un jersey de lana de manga francesa. Y también aprendí que algo que a priori no tiene mucho sentido combinar, como un jersey viejo y una falda de  domingo, en la práctica queda muy bonito. Lo mejor, la cara de Macho Alfa,  “pero de verdad le vas a dejar que te vista ASÍ?” Pues claro que la dejo y bien guapa que iba yo y orgullosa ella. Así nos fuimos a Talavera, os lo cuento este viernes 🙂

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El sexto día aprendí que los niños son muy observadores, Abril me decía apenada que porque mi ropa de invierno era tan oscura y gris, y la de verano tan alegre. Desde luego es algo sobre lo que llevo reflexionando desde entonces, es como si nos mimetizáramos con el ambiente y en invierno nos apagamos. Es llegar la primavera, florecer el clima y nosotros con él para volver a querer usar muchos colores. Yo, desde luego, voy a cambiar esto y voy a ir renovando el armario con colores vivos en invierno también. Volviendo al punto dos, no hay nada que la superposición de vestidos no pueda solucionar, aunque no era nada tetafriendly y tuvimos problemillas lácteos. Al día siguiente, escotazo. Otro aprendizaje, no tropezarás con la misma piedra 😛

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El séptimo y último día aprendí que los niños no tienen prejuicios, y si se puede llevar un vestido de fiesta, dorado y escotado al campo “y si quieres escalar pues te lo metes en los pantalones mami“, y por supuesto te lo puedes poner con botas de montaña si así te sientes cómodo. Y puedes hacer giros y que tu falda se mueva como una peonza, como si volvieras a tener 5 años. Me hizo sentir VIVA, así, con mayúsculas. Porque si tú eres feliz con tu ropa, los demás no tienen nada que decir ¡de hecho nadie me dijo nada! que algunos me preguntasteis por facebook 🙂

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Me encanta el collage:

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Ha sido una experiencia divertidisima, un ejercicio de empatía bestial, un reto en el que he superado el sentido del ridículo (más o menos) y por el que he entendido un poco más a mi hija. Ya os he contado mas veces que las niñas eligen su ropa, de diario y de domingo, y no necesariamente en el orden que los adultos esperamos, que a veces se disfrazan para salir a la calle, y se ponen un tutú para dormir ¡y no les pica! Y siempre van menos abrigados de lo que me gustaría. Yo he tolerado, respetado, acompañado sus elecciones porque consideraba que no tenía nada que decir en su forma de vestir, pero no lo veía ni lógico, ni normal, sino una excentricidad propia de la infancia. Este reto ha sido una cura de humildad, las dinámicas que tenemos los adultos respecto a la ropa tampoco parecen muy lógicas, sino en ocasiones más bien impuestas por las modas o las costumbres. Me alegro infinito de que al menos unos años puedan vivir y elegir libremente sin importarles nada, ni nadie. Luego, supongo que la presión social será más fuerte, pero mientras tanto os dejo con este vídeo que os devolverá a la infancia  y la frase que resume el reto “Mami, esta semana me eliges tú a mi la ropa, ¿vale?” Acabamos encantadas las dos 🙂

 

Espero que tengáis un martes estupendo y os animéis con el reto #vestidapormipeque aunque sea sólo un día (y no salgáis a la calle) jejeje

¡Sed felices!

 

 

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