Cinco, Emmita, cinco. ( Este post se escribió en marzo de 2018)

Es increíble ´lo rápido que han pasado estos cinco años, increíble. Me sigue sorprendiendo tu personalidad cada  día, como pasas de cero a cien, como no haces nada hasta estar completamente segura, como se puede ser tan vulnerable y tan extrovertida a la vez. El año pasado te pedía que nunca dejaras de enfadarte y me hace muy feliz saber que me hiciste caso, te has enfadado mucho este año y eso está genial, sigue así bonita, recuerda que complacer a los demás es una cosa muy linda, pero no sirve de nada si no te pones la primera en la lista.

Sin duda de tu cuarta vuelta al sol me quedo con aquel momento que me dijiste, “tienes un bebé en la tripa”, antes si quiera de que yo sospechara nada y te dije que no, entre risas, y esa noche soñé que tenías razón, y vaya si la tenías. Siempre tan pendiente de lo invisible, tú lo sabías antes que nadie. Y cuando te conté que efectivamente tenía un bebé en la tripa y lo primero que me dijiste fue que porque no te lo había dicho antes, tan solo unos días después que no pude aguantarme mucho XD, te confesé mi miedo a que algo no fuera bien y me dijiste que todo iba a estar bien, y empezaste a gritar en la terraza “yo tenía razón, yo tenía razón, vamos a ser una gran familia”. Esa primera ecografía que tanto miedo me daba y en la que solo tú de tus hermanas fuiste consciente del mal rato que pasé “mami, por un momento pensé que todo estaba mal y me preocupé”. Cuando dijiste que ojalá fuera chico para que papá no estuviera solo y al cabo de unos días me dijiste, “creo que a papá no le va a importar que el bebé sea una chica”, dando por sentado lo que yo creía que era solo mi intuición.

Eres tan especial Emmita, Emma, que ya tienes cinco años y no te podré llamar Emmita siempre, aunque no sé como explicarte, que siempre serás mi bebé, esa bolita, bueno nunca fuiste bolita, ese esparraguito larguirucho y delgado que salió de mí, con mucho cuidado de no hacerme daño, muy despacito, como lo haces siempre todo, recuerdo mirar tu cabeza y pensar “pero este bebé no piensa terminar nunca, a qué espera?” y efectivamente eres pura pachorra, y está genial porque el mundo ya está lleno de gente con prisa. Recuerdo también lo sobrepasada que me ví cuando eras recién nacida, la lactancia tan tan tan difícil que tantas lágrimas se llevó, tuyas y mías, las noches, las noches que guardo en un pedacito de mi corazón bien encerrado con tres candados para no echarme a llorar al recordarlas. Desde luego no fue fácil, pero ya nada queda de ese bebé, ni mucho menos de esa madre. Dicen que los primeros hijos nos hacen cambiar, Emma, tú sabes bien que tu me hiciste ser la madre que soy, desde el test positivo y las sensaciones que me embargaron hasta que cumpliste dos años.

Siento también que este cuarto año tuyo tampoco he estado a la altura, se me han juntado muchas cosas, mi niña, lo siento. Pero también sé, y tú también porque te lo he prometido, que tus cinco años van a ser memorables, ya casi me he liberado de todo lo pendiente y estoy disponible para vosotras, no al 100% pero si en un porcentaje que nos gusta a todos : ) También sé, demasiado bien, que con tanto hermano, no voy a poder darte nunca todo lo que necesitas, igual que sé y sabes, lo maravilloso que es para ti tener la casa llena de gente con quien jugar (y pelear) y a quien querer (y odiar). Lo sé porque me sigues diciendo que te encantaría tener más hermanos, coaligándote con tu padre, por mucho que digo que este año cierro la fábrica.

Emma, este año no te doy consejos, solo quiero seguir acompañándote en este camino tan difícil que es dar raíces y alas, solo quiero seguir aprendiendo de ti, de tu bondad natural, de tu naturaleza bonita, de tu forma chula de ver la vida. Solo espero que en el día a día de baños-cenas-dientes nuestro vínculo no se deteriore, por mi prisa y mi stress, que no te pida de más, porqué sé que me lo vas a dar. Solo espero que, en este camino a ser mayor, no se te olvide que crecer en el fondo es una trampa, que sigas siendo tú, mi bebé arcoíris, sanadora y brillante, no se te olvide que la persona más importante de tu vida eres tú. Dime todas las veces que quieras que no quieres recoger los juguetes o quitar la mesa, todas, mi papel ya sabes cuál es, pero está genial que lo hagas saber, que te plantes y que te niegues. Ya me tocará a mí, y a tu padre, echarle creatividad al asunto para averiguar que te pasa, que necesitas, en que momento nos hemos desconectado para que ya no quieras cooperar. Sigue siendo tú, Emmita, eres oro puro, por dentro y por fuera, brillas.

Estos cinco años han sido un privilegio, ojalá hubiera estado más a la altura pero como tú dices siempre “la vida es así” “no puedes hacerlo de otra manera”.

Te quiero con todo mi corazón, siempre serás mi Emmita.

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Hace unos años tenía a mi hija mayor en brazos y tenía muy claro la madre que quería ser. Sin embargo, en el proceso, que a priori parecía sencillo me di cuenta de que no era tan fácil cómo yo creía que iba a ser. Y es que pienso que educar no es difícil, pero si creo que es complejo reeducarnos a nosotros mismos para ser su mejor versión.

En estos años me he dado la vuelta como un calcetín, he leído, me he formado, me he equivocado mucho y sobre todo he observado, a mi misma y a mis hijas, y ahora sé que estoy en el camino de ser la madre que prometí ser. Y puedo ayudarte a que tú también te acerques a esa promesa que hiciste.

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