Estos meses he estado en modo tortuga máximo, ya os lo conté en mi último post por aquí, hoy siento que toca ya salir del caparazón y dar la cara. En este momento me siento bastante menos vulnerable, más fuerte, no al 100% eso sí, y el motivo es que en este viaje no voy sola 🙂 voy acompañada de un nuevo bebé que nacerá esta primavera, no sabemos si es chico o chica, pero yo estoy convencida de que es una pequeña guerrera la que me acompaña y que igual la necesidad de protegerla es más mía que suya : P En fin, lo otro que os tengo que contar es que esta primavera, también, nace mi libro Montessorizate! En unos días espero contaros más pero este secreto a voces ya luchaba por salir a luz XD Ayer lo conté en la newsletter pero muchos no la recibís, así que ahí va 🙂

Ya podéis acceder a toda la información sobre Montessorízate! el libro

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El texto que viene a continuación lo escribí cuando lo terminé, justo el día antes de saber que estaba embarazada, por eso no ha visto la luz, porque en ese momento decidí meterme en mi cuevita. Hoy salgo de ella, hay mucha luz y da mucho miedo, pero la oscuridad no nos deja apreciar bien la belleza de las cosas. Te dejo con el texto, gracias por tu apoyo y aliento estos años, gracias por tu paciencia, gracias por ser y por estar, en la distancia, pero muy cerquita. Gracias de corazón. El 26/4 es la fecha señalada en el calendario, pronto os cuento mucho más <3 Si queréis enteraros de más, solo tenéis que suscribiros a la newsletter de Montessorizate!

Escribir un libro no tiene nada que ver con tener un bebé, los niños se construyen a si mismos, tú crees que te pertenecen, pero no, son suyos, se hacen a sí mismos, poco a poco día tras día y tú vas amando y soltando a partes iguales. Un día nace y respira, un poco después come algo que no sea teta, después repta, gatea, camina, corre, vuela….

Un libro no, nace de ti, de tus entrañas, pero no porque haya vivido allí nueve meses, sino porque es parte de ti, una parte muy nueva y muy vulnerable, y lo lanzas a un terreno hostil, sin nada de lo que defenderse más que un par de contraportadas de cartulina. Es como un horrocrux, pero totalmente positivo, sin ninguna maldad, buscando la transcendencia, sí, pero sobre todo repartiendo amor, amor del güeno.

Y es que escribir un libro es un proceso creativo muy complejo, cuando eres madre se presentan dilemas a diario, dormir y reparar esta noche de despertares o aprovechar un momento creativo y avanzar, bañarte en la piscina en familia o aprovechar que hay backup para continuar y dormir esa noche. Y escribir ha sido también muy bonito, mi libro, este bebé que ya nace adulto y yo, conectados por las teclas del ordenador, escribiendo con los cascos puestos temazos de Queen o cantos de yoga, ha sido algo muy especial.

Este verano estaba de vacaciones y visitamos el Museo Jurásico de Asturias, Vega, mi ya no tan bebé, que estaba en un periodo sensible álgido de movimiento, decidió subir sola las escaleras, con 13 meses lo hizo gateando, evalúe los riesgos y la dejé, yo la seguía muy de cerca, viendo que no se desviará para que nadie le pisara sus deditos, a ratitos me regalaba una sonrisa orgullosa. En el último peldaño una mujer la miro con la cara de asco más profundo que había visto hasta ese momento, al llegar al último peldaño la cogí en brazos para que no se escapara gateando, la cara de asco hacía mi fue exponencial, creo que era incapaz de entender que una madre permitiera que su bebé se enfrentara a esa situación de forma voluntaria. Si hubiera sido mi primer bebé, hubiera sufrido muchísimo, como es mi tercera hija estoy ya curada de espanto, así que me dio un ataque de risa, se lo dije a mi amiga Jessica y nos reímos las dos. Esos días yo andaba algo desmotivada con el libro y ese instante fue clave para recuperar la ilusión, yo estaba escribiendo este libro para que, si te pasara algo parecido, pudieras sentirte más acompañada, menos sola y poder relativizar un poquito. No había nada de mala intención en aquella señora, tampoco la había en mi ataque de risa, simplemente pensamos distinto y es bonito que los que pensamos parecido nos encontremos para poder criar sintiéndonos menos solos.

Al principio empecé con ilusión, luego pasé al “esto no se va a terminar nunca” y terminé con un “nunca mais“. Y justo cuando tocaba entregarlo, justo en ese momento en el que toca soltar, soltar de verdad, sentí pánico, sentí miedo, vergüenza y culpa. Y en el revoltijo de emociones descubrí algo: el motivo por el que yo estaba escribiendo, me habían dado un altavoz, un altavoz que igual yo no quería coger pero me lo habían dado y eso era lo importante. Y sí, era una gran responsabilidad, pero yo sé que he hecho un buen trabajo, y estaba reaccionando, para evitar el rechazo que pudiera surgir a este trocito de mí, estaba controlando. Curioso, no soy una persona controladora, y pensé el porqué esta vez lo estaba haciendo, y no, no era eso, lo que quería evitar era la crítica y la humillación y lo quería dejar perfecto para complacer, no estaba lista para soltar. Así que esperé, releí y encontré lo que le faltaba, y lo corregí. Y predique con el ejemplo que no es solo repartir amor, también hay que asegurarse con que ese mensaje de amor llegue. Y ya puede salir al mundo. Y saldría teniendo claro el objetivo con el que empecé esta aventura, soy una persona que tiendo a complacer, tiendo a ponerme en último lugar, tiendo a valorar la felicidad de los demás por encima de la mía, tomé esa decisión con tres o cuatro años, creyendo que de esa forma podría pertenecer y contribuir. Y desde que fui madre empecé un proceso de transformación, por el que decidí que había muchas otras formas de pertenecer y contribuir, que diseñar la plantilla de vida con tres o cuatro años es como construir una casa en primero de arquitectura. Y decidí que iba a darles a mis hijas la oportunidad que a mí no se me dio, la oportunidad de ser, sin más, lo que ellas quieran. Les iba a dar la oportunidad de no tener que pasarse el resto de su vida puliendo eso, tendrán que pulir otras cosas porque no existen las infancias 100% perfectas, pero eso no, se iban a sentir amadas, me iba a asegurar que el mensaje de amor que quería darlas les llegara, no se quedara en palabras bonitas y fotos de instagram.

Y este libro me puso en una tesitura, usar ese altavoz que me había caído del cielo para decirle a otras familias que si se puede y exponerme a salir de mi zona de confort, donde sucede la magia y también la crítica, la humillación, el dolor y el desaliento o callarme lo que sé, lo que he aprendido, lo que trabajado estos años y que muchas familias y educadores no tuvieran los recursos necesarios, amor hay siempre pero las herramientas nos cuestan más, y se repitieran los patrones y esos niños perdieran la oportunidad de interiorizar gracias a su mente absorbente que son valiosos, capaces y están llenos de luz, y que pasaran el resto de su vida reparando esos trocitos, cuando si lo hubieran interiorizado en esta primera infancia sería fácil como respirar…. La respuesta a la tesitura ya la sabéis. La luz siempre vence sobre la oscuridad, siempre hay un nuevo día al final de la noche, siempre hay pequeñas manitas que cogen tu cara y secan tus lágrimas, que te abrazan sin decir nada y lo dicen todo y que siempre ven mas luz en ti de la que tu puedas ver jamás.

Y entonces me di cuenta de que no escribí este libro solo para los padres, ni tampoco lo hice para los niños, lo hice para mí, para la niña que fui y siempre seré. Este libro es el abrazo en el que nos fundimos, yo creía que era especial porque en la noche estábamos mi libro y yo solos y no, estábamos nosotras solas, ella y yo. Esa es la verdadera trascendencia. Y entonces me di cuenta de que este libro no es tan vulnerable como yo pensaba, es fuerte, firme, gracias al caparazón y es amable, dulce en su interior. Y está listo para salir al mundo, porque no es un hijito más, en absoluto, es un trozo de mí, y por eso es como yo, es frágil y fuerte, es frágil porque es humano y es fuerte porque no pierde de vista el objetivo, dar luz. Y en la última palabra que escribí, le dije a mi niña interior, ” tranquila al final todo irá bien” y ella me dijo, “tranquila tú, todo irá bien, siempre”

Gracias a todos los que lo habéis hecho posible <3 Gracias de veras.

Nuestro miedo más profundo no es el de ser inadecuados.

Nuestro miedo más profundo
es el de ser poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad,
lo que nos asusta.

Nos preguntamos:
¿Quién soy yo para ser brillante,
hermoso, talentoso, extraordinario?.

Más bien, la pregunta a formular es:
¿Quién eres tú para no serlo?

Eres una criatura de Dios.

Jugar a ser insignificante no le sirve al mundo.

No hay nada inspirador en encogerse para que los demás no se sientan inseguros a tu alrededor.

Hemos nacido para dejar de manifiesto la gloria de Dios que hay dentro de nosotros.
Que no está sólo en algunos, sino en cada uno de nosotros.

Y, al dejar que nuestra propia luz brille, inconscientemente, les damos permiso a otros para que hagan lo mismo.

Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia, automáticamente, libera a otros.

NELSON MANDELA
DISCURSO EN SU TOMA DE POSESIÓN COMO PRESIDENTE DE SUDÁFRICA EN 1994

 

 

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