Hoy toca una historia muy personal. He recibido muchas preguntas últimamente y me parecía la mejor forma de contestarlas a todas a la vez, gracias, de nuevo, por todo vuestro cariño <3

Esta historia empieza cuando a Vega le salió su primer diente, con tres meses. Una señora nos dijo en la piscina “Quien pronto endentece pronto hermanece” y MA le dijo “Pues eso es lo que nos estamos pensado”. Y flipé, esa conversación entre él y yo no había ocurrido. Había ocurrido otra, antes de nacer Vega, en la que acordamos que tres era más que suficiente. Y otra, al principio del parto de Vega, en la que dije “menos mal que no tengo que hacer esto nunca más”. Y otra, nada más nacer Vega, en su dulce, pero agotador puerperio, en la que dije “ya he cumplido”.  Y un montón de conversaciones más en las que la gente me preguntaba que como había convencido a mi marido para tener el tercero y me daba la risa. Y desde hace unos meses la gente afirma directamente que como le habré engañado, pero la historia real no tiene nada que ver con lo que la gente se imagina XD

Y la historia sigue en verano, cuando nos despertamos al salir el sol y nos dormimos viendo estrellas, cuando todo es fácil y el calor nos acaricia la piel, cuando no hay coches, ni atascos, ni prisas, ni llevar a niñas a clase, ni cursos, ni clases, ni trabajo, cuando solo estamos nosotros dos y un montoncito de niñas anfibias que nos dan mucha paz y mucha alegría. Emmita lo supo antes que nadie, me lo dijo y me reí. Y, sin embargo, esa misma noche tuve clarísimo que estaba embarazada, era una sensación muy nítida,sentía mucha mucha luz dentro de mí, pero por la mañana se había desvanecido, hacía la noche volvía a tener la sensación, así un día tras otro, y decidí hacerme un test. Negativo. Ese y los seis días siguientes, negativo. Miguel me miraba raro cada vez que le decía, “pues no, me he confundido, pero lo tengo tan claro…” y no podía entender cómo podía estar obsesionada, pero no estaba obsesionada, estaba segura XD Al final compramos un test de farmacia. Negativo. Y dejé ir al pensamiento, al menos tenía claro que en los planes de la familia estaba otra* bebé, “el verano que viene”, pensé, “será una época ideal, se llevará tres años con Vega”. Y pagué la matrícula de la universidad.

La sensación seguía conmigo, pero yo la ignoraba y mi parte mística pensaba que algún bebé nos había elegido. Dos semanas después repetí el test, a petición de mi endocrina que lo de “desarreglo” igual le sonaba raro XD Positivo. No me lo esperaba ya. Las primeras sensaciones no fueron buenas. Confusión, enfado, agobio. Ya lo tenía todo atado y alguien venía a cambiarme los planes. Lo que más odio en el mundo, lo que más me ha costado aceptar de la maternidad. Planes, la vida es lo que pasa cuando haces planes. Revisé el calendario que nos habían dado en la uni, lo vi casi imposible, pero pensé, lo haremos, puedo hacer exámenes con un bebé recién nacido a la teta y sacar mi libro todo a la vez, hemos superado pruebas más intensas. Y todo se recolocó en diez minutos. Y nos invadió una felicidad extrema. En el fondo ha sido siempre el sueño de mi vida. Cuatro. Enseguida llegó el malestar, y ya solo pensaba en sobrevivir. Y cuando el malestar se fue, llegó el miedo, la primera eco lo disipó, un poco. Pero volvió y estuve varios meses teniendo la sensación de que alguien me ha ingresado por error un millón de euros en mi cuenta y de un momento a otro va a darse cuenta. Tan irracional como cierto, por mucho que intenté trabajar el sentimiento ahí aparecía de vez en cuando, y cuando aparecía, una patada, como diciendo “respira, sigo aquí, relax mamá” y respiraba aliviada. Aliviada pero aún quedándome callada durante unos segundos cuando me preguntan cuántos hijos tengo, si por suerte tengo cerca de Emmita, ella se encarga de decir, somos tres chicas, pero tuvimos una hermana más que se llamaba Ariel y se nos murió cuando era muy pequeñita en la tripa de mamá. Y es que se van, pero no se van del todo, se quedan en las lágrimas de sal, en el nudo en el pecho y en el recuerdo de lo que podía haber sido y no fue, impregnado en cada célula de nuestro cuerpo.

En la eco de las 20 semanas todo se recolocó un poquito, la placenta era anterior y por eso no notaba patadas por fuera. Todo estaba ok, un bebé sanito, pequeñito o pequeñita como las hermanas mayores. Y entonces pude relajarme un poco, por fin. Hasta la siguiente eco.

28 semanas.  La placenta seguía oclusiva total, y hablamos de una posible cesárea y una ligadura de trompas, y de riesgos, y de sangrados. Cuanto miedo. Cuanta aceptación. Cuanto aprendizaje. Confié, mi barriga aún no era enorme y pensé que le quedaba mucho para crecer y mover la placenta, “muévela con tu mente” me dijo V., una querida alumna ginecóloga. Me mentalicé que tenía que cuidarme, cuidarme de verdad, volví a mi anterior trabajo, que es tranquilo y agradable, de poco esfuerzo físico, todo lo contrario que dar cursos. Me mentalicé que igual no llegaba a término, que igual hasta tenía un prematuro, que podía pasar un tiempo en el hospital por los sangrados. Aceptación, de nuevo.

32 semanas. Y al poquito tiempo, ¡zas! Un choque por detrás, bebé bien, placenta dejando sitio y un latigazo cervical que me obliga a reposar. ¿Reposar mami? ¿Es que eres un pastel? Me da entre la risa y la lástima, estas niñas siempre me ven activa, ¡qué ejemplo estoy dando! Y, por otro lado, ¿qué otra cosa podía hacer? Tantos frentes abiertos, escribiendo un libro, cursando un Máster, haciendo el TFM, haciendo las prácticas y criando tres hijas. Solo pienso en que pronto cerraré todos estos temas y todo será diferente. Pienso en las seis horas que he dormido este embarazo y las doce que pienso dormir en el puerperio, para compensar. Y en que no las dormiré porque me conozco y no querré perderme nada, pero será mi elección.

34 semanas. La placenta ya no era previa, pero el bebé estaba en transversa, por muchos ejercicios de spininningbabies que hubiera hecho, ahí estaba, recordándome que no es que no pueda controlarlo todo, es que no puedo controlar absolutamente nada. Me mentalicé de nuevo de que sería una cesárea, no es que lo considere algo inferior a un parto normal es que moría de miedo, toda mi admiración para las que habéis pasado por ello. Me decían que pensara en positivo, que pariría y yo decía que parir ya sé, que, si al final puedo hacerlo, eso que me llevo, nos llevamos el bebé y yo.  Gracias a Marta (Fisio obstétrica en Clínica Nortia) creo que conseguí que girara y con más miedo que vergüenza fui a hacerme una eco privada “saltándome todos mis principios morales, Miguel, voy a ir a hacerme una eco a un sitio de esos 4D, yo creo que ha girado” (no juzgo a quien hace estas ecos es solo que yo pienso que molestan a los bebés y prefiero no hacerlas, ya creo que en el seguimiento de embarazo he tenido demasiadas…), otro yonunca que me he saltado para variar (por diez euros me hicieron una eco normal, muy rápida, solo para ver la posición, igual esta información os sirve…). Y allí estaba, como suponía, boca abajo pero no me atrevía ni a verbalizar para no gafarlo, la cabeza en mi pelvis, el culo en mis pulmones. Gracias. Ahora solo falta que pase de posterior a anterior pero esa lucha ya no me preocupa tanto. Nacerá como quiera, igual que hicieron sus hermanas.

Me preguntan porque no lo he contado antes. La respuesta corta es “porque no me ha apetecido hasta ahora”, en la respuesta larga hay mucho de prudencia, miedo, desgana, desaliento en rrss, vulnerabilidad y falta de paciencia a comentaristas, unido a un montón de “no tengo que dar explicaciones a nadie…” No quería que ni un comentario desagradable me hiciera llevarme un mal rato y que lo viviera también el bebé, ¡en este viaje ya no voy sola!. Ahora, ya casi en la recta final, sé que he igual he pecado de sobreprotectora, no en vano, va a ser el pequeño o pequeña XD Me decís eso dijiste con Vega y os digo, es verdad, era mi intención, pero es que los hijos son droja pura y yo soy fácilmente manipulable cuando estoy ovulando XD Fuera bromas, hemos hecho lo que hemos querido. Y estoy feliz y en paz.  Solo hubiera querido disfrutarlo un poquito más suavemente, des-pa-ci-to, pero no ha podido ser.

Bebé, yo no he parado pero hemos conectado, ¡y mucho! Y tus hermanas te han querido con locura, con locura máxima e incondicional, esa que dice “qué bebé tan bonito” cuando te ven en una eco XD, con la misma locura que os gritaréis en unos años, porque ser hermanos va de eso, de quererse mucho, en lo bueno, y de odiarse mucho, en lo habitual XD Ya queda poquito para conocernos y ya seré toda para ti, bebé. Seremos. Prometido. Y reposaremos como los pasteles, si es que es lo que te gusta, y si no, si te gusta la fiesta, nos adaptaremos como hemos hecho con tus hermanas.

Pensando cada noche en que cualquiera de estos días puede ser tu cumpleaños <3

 

*Cuando escribí esto, escribí la bebé sin saber el sexo y he querido dejarlo así, no sé si por error o que alguien quiso escribir por mí 😛 Saldremos de dudas en unas semanas 🙂

Casi todas las fotos son de Araceli Schmetterling 🙂

 

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