Muy buenas. En el post de hoy os dejo un vídeo que preparé hace unas semanas con una demostración para los niños sobre como cuando llega un hermanito a casa, el amor no se apaga, sino que se expande, como la llama de una vela. También os daré mi consejo número uno a los bipadres recientes, ¿os pasáis? Os dejo el vídeo lo primero. Gracias a LoraLora por cedernos este círculo de cumpleaños en cuanto le conté lo que íbamos a hacer. Y por fi, si no lo has hecho aún, ¿puedes votarnos en los Premios Bitacoras? Tienes el link más abajo.

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Y antes de daros mi consejo, os contaré una historia, lo contaré sin nombres, porque no es cuestión de poner etiquetas o medallas. Los roles se intercambian continuamente. Ésta vez surgió la opción más adecuada, pero ni somos perfectos, ni siempre tenemos paciencia, ni somos infalibles y no cometemos errores, fácilmente podría haber acabado con un “Me tenéis harta con vuestras peleas, a la cama ya”, pero no fue así aquel día.

Domingo. Medianoche. Un plátano. Un solo plátano.

Una niña que se coge el plátano como snack antes de acostarse, lo parte en trozos y se lo come. Otra niña que ve el plátano y quiere comerlo. Niña A se mete el último trozo rápidamente en la boca para no compartir.

El tiempo se para. Se masca la tragedia. MA y yo nos miramos en plan se va a liar.

Niña B estalla en rabieta.

Niña A se da cuenta demasiado tarde.

Niña B llora

Niña A llora

Bebé llora por ver llorar a sus hermanas (o igual porque quería plátano XD)

Progenitor A a punto de estallar y en su mirada se puede leer que va a decir “a la p. cama” sin cuento y sin relajación, y si se descuida a otra habitación en vez de en sus literas en la nuestra.

Soluciones posibles

A: A la cama castigadas (o disfrazado de consecuencia lógica, si hay conflictos por la noche, no hay cuento)

B: Eres una egoísta, tú tienes la culpa, no sabes compartir. Resquemor, envidia, celos.

C Normalizar, verbalizar los sentimientos, escucha activa. Búsqueda de soluciones. Mañana compramos plátanos, quiero un melocotón.

El Progenitor B conserva la calma (suerte que es un domingo y no un miércoles XD) y le pide a la niña B un abrazo. La niña B se lo da al progenitor A y se calman los dos. La niña A llora así que le dice “Igual puedes pensar en algo que le haga sentir mejor” y decide disculparse y darle una chuche que guardaba para el domingo.

La niña B está muy dolida, no es solo el plátano, que también, es que lo ha vivido como un desprecio, así que la dice que ya no es su hermana, abraza a la bebé y la niña B llora, mucho, porque se siente excluida de la hermanidad. Acompañamos, verbalizamos y hacen las paces con el melocotón, y nos miramos y nos ponemos medallitas imaginarias, como molamos, a la vez que pensamos, necesito una copa.

La opción A y la opción B hubieran aumentado la rivalidad entre hermanas, con la opción A quizás algo menos al ponerlas en el mismo barco, pero podían haberse enfadado por haberse acostado sin cuento y sin relajación. La opción B es nefasta pero realmente es la que hubiera sucedido si hubiéramos estado más estresados, destapados e incapaces de modelar nuestras emociones.

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Tomar una u otra decisión no tiene que ver con que seamos los padres más molones del lugar, depende de nuestra paciencia, nuestra empatía, nuestra capacidad para regular nuestras emociones. Y eso es en parte entrenamiento, no os lo voy a negar, pero también tiene que ver, mucho más de lo que nos gustaría, con autocuidado. Con ponernos en primer lugar, con cuidarnos para poder cuidar, con pasar tiempo en el que volver a recargarnos de energía para cuidar. A veces solo podemos sobrevivir, y también está bien.

Mis hijas ya son un poco mayores, pero cuando llega un hermanito a casa pasan cosas parecidas, suele haber un aumento de rabietas, puede que incluso pegue al bebé o que se muestre simplemente muy enfadado con nosotros. Puede que haya regresiones. que tenga un comportamiento disruptivo, que se “porte mal”, que haga cosas “por llamar la atención”. Dásela, la necesita.

Si actuamos con castigos, premios, gritos, los problemas no dejaran de existir porque estaremos quedándonos en la superficie. No funcionan y no son respetuosos con los niños, pero es que además estaremos ignorando la raíz del problema. El comportamiento de un niño es solo la punta del iceberg de su creencia equivocada, lo que cree que necesita para sentirse parte del todo, en este caso, de su familia.

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El niño observa que desde que ha llegado un hermanito a casa, todo el mundo está pendiente de él, ya no le prestan la atención que tenía antes. Incluso puede que algunos adultos le digan que se ha hecho mayor y tiene que cuidar el bebé… El niño – o la niña- , muy bueno observando, pero no tan bueno analizando la situación concluye que ya no le quieren Y su lógica privada le mueve a recuperar ese cariño de la forma que cree más adecuada, de acuerdo a su punto de vista: Si me porto como un bebé, volverán a quererme. Cuando pego al bebé, me vuelven a prestar atención. ¿Qué podemos hacer los padres en este caso?

Leeréis múltiples consejos al respecto, pero yo solo os voy a dar uno:

CUÍDATE

No podréis descubrir cual es la meta equivocada del niño si no estáis al 100% si no os cuidáis vosotros. No podréis actuar con paciencia, no os podréis anticipar, no podréis modelar sentimientos. No podréis leer cuentos para ayudarles a identificar y normalizar emociones. No podréis dar ejemplo. No podréis darles tiempo especial de calidad. No podréis siquiera estar.

La casa puede esperar, podéis comer pizza tres veces a la semana, la ropa puede ir sin planchar y no pasa nada si tiene alguna mancha. Tus hijos no pueden esperar y tu autocuidado tampoco. Créeme, ojalá no tuviera que darte este consejo vivido en primera persona. Pide ayuda, que vengan a ayudar con las tareas, a sujetar al bebé para dar al mayor tiempo especial, a llevar al mayor al parque… O dinero para pagar ayuda. Si te ofrecen ropita, recházala y pide ayuda, Es que no va a estrenar nada el pobre. Sí, estrenará familia. Una que le quiere y le adora y a la que le da igual que los bodies no sean de estreno. Con los años, veréis las fotos y las más emocionantes sean las que comparen a los dos hermanos con la misma ropita. Miento, las fotos más emocionantes serán estas, de cuando se miraron, olieron, tocaron, quisieron por primera vez.

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No caigas en el error de descuidarte tú tampoco. Dice Maria Soto en este video (Educa Bonito con Disciplina Positiva) que cuando viajamos en avión, el auxiliar de vuelo nos dice que en caso de despresurización de la cabina nos pongamos primero la mascarilla nosotros o no podremos atender al bebé. Cuidarnos para cuidar.

Y sé que esto es difícil cuando llega un bebé a casa, que el puerperio es complicado y lleno de hormonas, que igual si eres el padre -u otro cuidador/a- te sientes mal por todo lo que te estás perdiendo. Pero cuídate. Cuídate para poder cuidar. Cuida a tu pareja para que pueda cuidar.

Y disfrútalo mucho que el tiempo vuela, los días son largos, pero las semanas, los años muy cortos, mañana se pelearán por un plátano. O por un pantalón. O por quien organiza una fiestecita cuando no estemos los padres. Crecen, muy rápido y muy lentamente a la vez. Vuestra relación, vuestra familia es lo más importante.

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Y perdónate, que las hormonas nos juegan malas pasadas, pero créeme, lo estás haciendo genial. GENIAL.

 

Si queréis saber más, pincha en los enlaces:

 

¿Cómo lleváis este tema en casa? os espero en los comentarios 🙂

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